Cuando Morena sospecha de las madres buscadoras
La respuesta de los colectivos de búsqueda a las declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum, exhibe una contradicción cada vez más visible en el discurso oficial: un gobierno que llegó al poder prometiendo poner a las víctimas en el centro de las decisiones públicas, hoy parece más dispuesto a cuestionar a quienes protestan que a rendir cuentas por los resultados obtenidos.
La polémica surgió después de las movilizaciones realizadas el 11 de junio de 2026, durante la inauguración del Mundial de Futbol.
Tras las protestas de familiares de personas desaparecidas en la Ciudad de México, Sheinbaum respaldó la idea de investigar quién financió el traslado de algunos manifestantes provenientes de Jalisco.
Aunque la Presidenta no acusó directamente a los colectivos de actuar con intereses políticos, el mensaje fue interpretado por muchas familias como una insinuación que pone en duda la legitimidad de su lucha.
La reacción no tardó.
El 12 de junio, organizaciones de búsqueda rechazaron cualquier intento de criminalización y recordaron una realidad que el país conoce desde hace años: la mayoría de estas familias se movilizan con recursos propios, mediante colectas, donaciones y redes de solidaridad construidas ante la ausencia de respuestas institucionales.
Sin embargo, el fondo del debate no está en quién pagó un autobús.
El verdadero problema es que México acumula más de 130 mil personas desaparecidas y miles de familias continúan buscando a sus seres queridos sin el respaldo suficiente de las autoridades.
Son madres que escarban la tierra con sus propias manos, padres que recorren morgues y hermanas que han convertido la búsqueda en una forma de vida porque el Estado no ha logrado cumplir plenamente con su obligación.
Por eso resulta preocupante el enfoque adoptado desde el poder.
Cuando la discusión se concentra en el financiamiento de una protesta y no en las causas que la provocan, existe el riesgo de invertir las responsabilidades.
Las víctimas terminan bajo escrutinio mientras las instituciones quedan al margen de las preguntas más incómodas.
La protesta durante la inauguración del Mundial rompió la imagen de normalidad y celebración que el gobierno quería proyectar ante el mundo.
Pero las desapariciones no desaparecen porque haya un evento internacional, ni porque resulten incómodas para la narrativa oficial.
Siguen ahí, presentes en cada fotografía, en cada ficha de búsqueda y en cada familia que espera una respuesta.
La pregunta central no debería ser quién ayudó a trasladar a las familias buscadoras a la Ciudad de México.
La pregunta que millones de mexicanos siguen esperando que el Estado responda es mucho más simple y mucho más dolorosa: ¿dónde están los desaparecidos?.

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