De aliada a adversaria: la CNTE y las promesas incumplidas de Morena
La confrontación actual entre el gobierno federal y la CNTE encierra una contradicción política difícil de ignorar.
Durante años, Morena construyó parte de su capital político respaldando las causas del magisterio disidente.
Andrés Manuel López Obrador recorrió plazas públicas denunciando la Reforma Educativa de Enrique Peña Nieto, calificándola como una agresión laboral contra los maestros, mientras prometía revertir las políticas que habían provocado la movilización permanente de la Coordinadora.
La CNTE no fue vista entonces como un problema de gobernabilidad.
Por el contrario, fue presentada como una expresión legítima de resistencia frente a un modelo neoliberal que pretendía imponer evaluaciones punitivas y debilitar los derechos laborales del magisterio.
Morena convirtió esas demandas en bandera política y las utilizó para confrontar al régimen priista.
Una vez en el poder, la llamada Cuarta Transformación sí eliminó aspectos centrales de la Reforma Educativa de 2013.
Sin embargo, el conflicto de fondo nunca desapareció.
La principal exigencia del movimiento magisterial —la derogación de la reforma al ISSSTE de 2007 y el retorno a un sistema de pensiones más justo— sigue sin concretarse.
Aquí surge el problema político para Morena.
Lo que hoy exige la CNTE no es una agenda nueva ni una demanda inesperada.
Se trata de una causa que durante años recibió respaldo, simpatía y legitimidad desde la oposición.
Tanto López Obrador como Claudia Sheinbaum manifestaron en distintos momentos su rechazo a las reformas neoliberales que afectaron a los trabajadores del Estado.
Sin embargo, una vez instalados en el gobierno, los argumentos cambiaron: ahora se habla de inviabilidad financiera, restricciones presupuestales y riesgos para las finanzas públicas.
El resultado es una creciente sensación de incumplimiento entre amplios sectores del magisterio.
Lo que antes era una promesa de transformación se percibe hoy como una administración que, en temas clave, termina defendiendo los mismos límites que criticó durante años.
La tensión actual revela una realidad incómoda para la Cuarta Transformación: gobernar es distinto a protestar, pero las promesas no desaparecen cuando se llega al poder.
Morena capitalizó políticamente el descontento magisterial cuando era oposición; ahora enfrenta las consecuencias de no haber cumplido plenamente las expectativas que ayudó a construir.
La CNTE no está reclamando algo que nunca se prometió.
Está exigiendo lo que durante años escuchó en mítines, campañas y discursos.
Y esa es, precisamente, la razón por la que este conflicto resulta tan incómodo para el gobierno: porque no enfrenta a un adversario ideológico, sino a un antiguo aliado que le recuerda sus propias palabras.

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