Morena frena a Saúl Monreal, pero no al monrealismo

La historia política de Zacatecas acaba de exhibir una de las mayores contradicciones de Morena. 

El partido que prometió desterrar el nepotismo terminó reconociendo, con los hechos, que durante años permitió la concentración del poder en torno a una misma familia.

Cuando Saúl Monreal confirmó que ya no buscaría la gubernatura de Zacatecas y que ahora pretende regresar a la presidencia municipal de Fresnillo, quedó claro que el problema no era una candidatura en particular. 

El problema es un modelo político que ha convertido los cargos públicos en estaciones de relevo dentro de un mismo grupo de poder.

Morena presentó sus reglas contra el nepotismo como una muestra de congruencia democrática. 

Sin embargo, la medida llegó cuando el fenómeno ya era inocultable. 

Durante años, los Monreal ocuparon posiciones estratégicas en la política zacatecana: alcaldías, diputaciones, senadurías y la propia gubernatura. 

Lo que hoy se intenta corregir no nació de la nada; creció bajo la mirada complaciente de quienes ahora dicen combatirlo.

La decisión de Saúl Monreal de volver a Fresnillo revela una verdad incómoda. 

No hay una retirada del poder, ni una renovación de liderazgos. Hay una reubicación. 

La gubernatura quedó fuera de su alcance, pero el control político de uno de los municipios más importantes del estado sigue siendo una opción viable.

Y ahí surge la pregunta que Morena no ha respondido: si la intención es abrir paso a nuevos cuadros, ¿por qué las alternativas siguen siendo los mismos nombres de siempre?

¿Dónde están los liderazgos ciudadanos, los jóvenes políticos y las nuevas generaciones que el partido asegura impulsar?

El caso Monreal demuestra que el nepotismo no se combate únicamente impidiendo una candidatura. 

Se combate construyendo condiciones reales para que el poder deje de girar alrededor de los mismos apellidos. 

De lo contrario, la regla se convierte en una simple barrera administrativa que modifica trayectorias, pero no transforma estructuras.

Fresnillo podría convertirse en el símbolo de esa contradicción. 

Morena presume haber cerrado la puerta a una sucesión familiar en Zacatecas, pero al mismo tiempo observa cómo uno de los principales integrantes de ese mismo grupo político se prepara para regresar al cargo que ya ocupó durante años.

La gubernatura se le cerró a Saúl Monreal. Lo que todavía no queda claro es si Morena realmente cerró el ciclo del monrealismo o simplemente le cambió de domicilio electoral.

Porque cuando los mismos apellidos siguen concentrando las candidaturas, el problema no desaparece: solamente cambia de oficina.



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