"¿Qué caso tiene el diálogo?": la fractura entre Morena y la CNTE
El 12 de junio de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó una frase que retrata el momento político que vive su gobierno frente a la CNTE:
“¿Qué caso tiene el diálogo si se sigue manteniendo la misma posición?”.
No fue una declaración cualquiera. Fue el reconocimiento público de que la relación entre Morena y uno de los movimientos sociales que durante años respaldó sus causas atraviesa una crisis profunda.
Durante décadas, la CNTE resistió las reformas educativas impulsadas por gobiernos del PRI y del PAN.
Morena acompañó muchas de esas luchas, denunció la criminalización del magisterio y prometió construir una nueva relación basada en el diálogo y el respeto a los derechos laborales.
Hoy, desde el poder, el discurso parece otro.
La presidenta sostiene que la Coordinadora se niega a aceptar las propuestas del gobierno y que sus dirigentes mantienen una postura inflexible.
Sin embargo, la CNTE responde que sus demandas centrales siguen sin resolverse: la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, la eliminación de la USICAMM y un sistema de pensiones digno para los trabajadores de la educación.
La pregunta de fondo no es si la CNTE mantiene la misma posición. La verdadera pregunta es si el gobierno ha cambiado la suya. Porque cuando Morena era oposición, exigía la cancelación de políticas que hoy afirma que son financieramente inviables.
Lo que antes era una demanda legítima, ahora es presentado como una exigencia imposible.
Más preocupante aún es la intención de sustituir la negociación con la dirigencia por consultas directas a los maestros.
Aunque se presenta como un ejercicio democrático, también puede interpretarse como un intento de debilitar a la organización que ha encabezado históricamente la resistencia magisterial.
Dialogar con las bases no debería significar desconocer a quienes las representan.
La CNTE tiene derecho a ser cuestionada por sus métodos, bloqueos o estrategias.
Pero un gobierno que llegó al poder prometiendo escuchar a los movimientos sociales también debe aceptar que el diálogo no consiste en que una de las partes renuncie a sus demandas para validar las propuestas oficiales.
Cuando una presidenta pregunta “¿qué caso tiene el diálogo?”, corre el riesgo de enviar un mensaje peligroso: que el diálogo sólo sirve cuando la otra parte está dispuesta a ceder.
Y si esa lógica se impone, la distancia entre el gobierno de Morena y aquellos movimientos que ayudaron a construir su ascenso será cada vez más difícil de ocultar.
Porque el problema no es que la CNTE siga luchando por lo que siempre ha defendido. El problema es que Morena parece cada vez más lejos de lo que prometió cuando aún no tenía el poder.

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