Sheinbaum cenó con las élites de la FIFA y al día siguiente habló del pueblo
La presidenta Claudia Sheinbaum quiso convertir su ausencia en el partido inaugural del Mundial 2026 en una demostración de cercanía con el pueblo.
Pero terminó abriendo un debate sobre algo mucho más incómodo para Morena: la distancia entre el discurso y los hechos.
El 10 de junio de 2026, Sheinbaum asistió a la exclusiva cena de gala organizada por la FIFA en el Castillo de Chapultepec.
Ahí compartió espacio con directivos internacionales, empresarios, gobernadores, legisladores e invitados especiales en uno de los eventos más selectos relacionados con la Copa del Mundo.
Un día después decidió no acudir al Estadio Azteca para la inauguración entre México y Sudáfrica.
La explicación fue inmediata: no necesitaba "codearse arriba" porque su lugar estaba con el pueblo.
El problema es evidente.
Si convivir con las élites era algo que debía evitarse, ¿por qué no se evitó la gala de la FIFA?
¿Por qué una reunión exclusiva en Chapultepec no representaba un problema, pero un palco en el estadio sí?
La contradicción no es menor.
Morena ha construido durante años una narrativa basada en la división entre un supuesto pueblo virtuoso y unas élites privilegiadas.
Sin embargo, cuando sus dirigentes participan en espacios exclusivos, el discurso cambia.
Entonces ya no se trata de privilegios, sino de actos institucionales. La vara moral parece modificarse según la conveniencia política del momento.
Nadie cuestiona que una presidenta deba asistir a eventos diplomáticos o protocolarios. Forma parte de sus responsabilidades.
Lo cuestionable es utilizar el lenguaje de la austeridad y la cercanía popular para justificar decisiones que chocan frontalmente con las imágenes de la víspera.
La política no se mide por las frases que generan aplausos en redes sociales, sino por la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Y en este caso, la imagen que quedó fue difícil de ignorar: la noche del 10 de junio, la presidenta asistió a una exclusiva gala de la FIFA en el Castillo de Chapultepec; el 11 de junio defendió su ausencia en el partido inaugural asegurando que no necesitaba "codearse arriba".
La Cuarta Transformación prometió ser distinta a los gobiernos que criticaba.
Sin embargo, episodios como éste alimentan una percepción cada vez más difícil de ignorar: que para Morena los privilegios no desaparecieron, simplemente cambiaron de dueño.
Porque cuando quienes gobiernan terminan haciendo aquello que durante años denunciaron desde la oposición, el problema deja de ser la élite. El problema pasa a ser la incongruencia.
Y cuando la narrativa choca con la realidad, lo primero que pierde es la credibilidad.

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