Sheinbaum, la CNTE y el costo de las promesas

El conflicto entre el gobierno de Claudia Sheinbaum y la CNTE suele explicarse a partir de los bloqueos, los plantones y las afectaciones que generan las movilizaciones magisteriales.

Sin embargo, esa lectura sólo observa las consecuencias y no el origen del problema.

La raíz del conflicto no nació en las calles. Nació cuando una promesa de campaña chocó con las restricciones del gobierno. 

Hoy la discusión ya no es únicamente sobre pensiones; es sobre credibilidad política.

Durante años, Morena construyó parte de su discurso denunciando las reformas que, según su narrativa, perjudicaron a millones de trabajadores. 

Entre ellas destacó la Ley del ISSSTE de 2007, que sustituyó el sistema solidario de pensiones por cuentas individuales administradas por las Afores. 

Para la CNTE, esa reforma significó una pérdida de derechos y una reducción de las condiciones de retiro de los trabajadores de la educación.

En ese contexto, las declaraciones de Claudia Sheinbaum durante la campaña presidencial fueron interpretadas por miles de maestros como un compromiso para revertir esa reforma. 

La expectativa no surgió por generación espontánea. Fue alimentada por un discurso político que prometía corregir decisiones consideradas injustas y recuperar derechos perdidos.

Pero una vez en el gobierno, la postura cambió. La administración federal sostiene que derogar la Ley del ISSSTE de 2007 tendría un costo financiero que las finanzas públicas no pueden soportar.

Puede ser un argumento técnicamente válido, pero también abre una interrogante inevitable: si la medida era tan costosa e inviable, ¿por qué se permitió que se convirtiera en una expectativa electoral?

Esa es la pregunta que mantiene vivo el conflicto. La CNTE no sólo exige una reforma pensionaria; exige el cumplimiento de lo que considera un compromiso político. 

Por eso los aumentos salariales, las mesas de diálogo y las propuestas parciales no han logrado desactivar la protesta. El gobierno ofrece alternativas; el magisterio reclama la promesa original.

Mientras tanto, desde Palacio Nacional se cuestionan los bloqueos y las movilizaciones. Pero centrar el debate únicamente en las protestas equivale a ignorar la causa que las originó. 

Los plantones son la manifestación visible de una disputa mucho más profunda entre las expectativas generadas desde el poder y la capacidad real de cumplirlas.

La CNTE está cobrando una factura política. No por una promesa hecha por gobiernos anteriores, sino por una promesa asociada al proyecto político que hoy gobierna el país.

Porque cuando un movimiento llega al poder prometiendo revertir reformas que considera injustas, también asume la responsabilidad de explicar por qué esas promesas terminan siendo imposibles de cumplir. 

Y cuando esa explicación no convence a quienes creyeron en ella, el problema deja de ser administrativo o presupuestal para convertirse en un problema de confianza.

Al final, el desafío para Sheinbaum no es sólo resolver un conflicto sindical. Es responder a una pregunta que sigue presente en el debate público: si la derogación de la Ley del ISSSTE era inviable, ¿por qué se hizo creer que era posible?



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