Sheinbaum no logra acuerdo y la CNTE lleva el conflicto al Mundial
Este 11 de junio de 2026, la inauguración del Mundial en la Ciudad de México no solo marcará el inicio del evento deportivo más importante del planeta.
También exhibirá uno de los conflictos políticos y sociales más relevantes del país: el enfrentamiento entre el gobierno de Claudia Sheinbaum y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.
Tras varias horas de negociación en la Secretaría de Gobernación, el diálogo terminó sin acuerdos.
La CNTE decidió mantener sus movilizaciones y anunció acciones durante la jornada inaugural del Mundial.
Los contingentes prevén concentrarse en las inmediaciones del Estadio Azteca, acompañados por transportistas, familiares de personas desaparecidas y otros grupos sociales inconformes.
El hecho representa un revés político para un gobierno que apostó por el diálogo como principal herramienta para resolver el conflicto.
Durante años, Morena construyó una relación de cercanía con diversos sectores del magisterio disidente, presentándose como una alternativa a las políticas educativas impulsadas por administraciones anteriores.
Sin embargo, la permanencia de demandas históricas sin resolver ha provocado que esa relación entre aliados se transforme en una confrontación abierta.
La principal exigencia de la Coordinadora sigue siendo la eliminación de la Ley del ISSSTE de 2007 y la modificación del sistema de pensiones.
Para los dirigentes magisteriales, las propuestas gubernamentales son insuficientes.
Para el gobierno, las exigencias representan compromisos financieros difíciles de asumir.
Entre ambas posiciones, el diálogo parece haberse convertido en un ejercicio estéril que no modifica la realidad del conflicto.
La relevancia de esta movilización radica en el escenario elegido.
El Mundial era presentado por el gobierno como una oportunidad para proyectar una imagen de estabilidad, modernidad y capacidad organizativa ante millones de espectadores en todo el mundo.
La CNTE entendió precisamente el valor simbólico de ese escaparate internacional y decidió convertirlo en una plataforma de presión política.
El episodio también revela una contradicción incómoda para Morena.
El movimiento que durante años respaldó protestas, bloqueos y movilizaciones como herramientas legítimas de lucha social ahora enfrenta esas mismas tácticas desde el poder.
Lo que antes era considerado resistencia popular, hoy se percibe como un problema de gobernabilidad.
La falta de acuerdos demuestra que ni la cercanía del Mundial ni la presión política lograron resolver un conflicto que se arrastra desde hace años.
Mientras el gobierno intenta proyectar al mundo una imagen de éxito, estabilidad y organización, la CNTE se dispone a recordar que detrás de la fiesta mundialista persisten conflictos sociales que Morena no ha logrado resolver.

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