Alejandro Leyva y la guelaguetza del escándalo: la protesta que el poder quiso apagar en Oaxaca

La fiesta más importante de Oaxaca quedó marcada por una escena que desnuda una preocupante realidad política: mientras el gobierno de Salomón Jara Cruz, de Morena, buscaba proyectar una imagen de armonía durante el "Desfile de Delegaciones de la Guelaguetza 2026", familiares y amigos del periodista Francisco Alejandro Leyva Aguilar, salieron a las calles para exigir justicia por su asesinato y denunciaron haber sido víctimas de intimidación.

El 25 de julio de 2026, quienes exigían el esclarecimiento del crimen, afirmaron que un grupo de choque presuntamente armado intentó impedir su protesta. Los manifestantes denunciaron que fueron rodeados, vigilados y bloqueados mientras portaban pancartas y reclamaban justicia. Ante la falta de intervención de las autoridades, lanzaron una consigna que resumió su indignación: “el que nada debe, nada teme”.

La gravedad del señalamiento no puede minimizarse. No se trataba de una protesta contra una celebración cultural, sino de una familia y una comunidad periodística reclamando algo elemental en cualquier democracia: que el asesinato de un comunicador no quede impune y que las autoridades garanticen una investigación transparente.

El episodio plantea preguntas incómodas para el gobierno estatal. ¿Por qué una exigencia de justicia tuvo que enfrentar presuntamente actos de intimidación? ¿Por qué la prioridad parecía ser contener una manifestación en lugar de escuchar a quienes perdieron a un integrante de su familia?

De acuerdo con los denunciantes, el gobernador Salomón Jara fue retirado del recorrido por la calle de Cosijopí para evitar un encuentro con los manifestantes. Si un gobierno está convencido de que actúa correctamente, la respuesta natural debería ser el diálogo público, no la evasión ni el aislamiento frente a quienes reclaman justicia.

La imagen resulta contradictoria: una administración que presume una fiesta de unidad y tradiciones, pero que enfrenta acusaciones de intentar silenciar una protesta relacionada con la violencia contra la prensa. La Guelaguetza representa la voz de Oaxaca, y esa voz incluye también a quienes cuestionan al poder.

El asesinato de Alejandro Leyva no puede convertirse en un expediente más archivado por la indiferencia institucional. Cada periodista asesinado representa una amenaza contra el derecho de la sociedad a conocer, cuestionar y exigir cuentas.

La verdadera fortaleza de un gobierno no se demuestra con escenarios, desfiles ni discursos; se demuestra cuando tiene la capacidad de escuchar a las víctimas, proteger la libertad de expresión y garantizar justicia.

Si las autoridades quieren disipar dudas, el camino no es impedir protestas ni evitar reclamos incómodos. El camino es esclarecer el crimen, castigar a los responsables y demostrar con hechos que en Oaxaca nadie será silenciado por exigir justicia.



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