Astrid Ortega sacude a Morena: entre "Trump odia a Sheinbaum" y "la ortografía es neoliberal"
El 12 de julio de 2026, Astrid Ortega Vázquez, alcaldesa de Cadereyta de Montes, Querétaro, volvió a estar en el centro de la polémica, al afirmar durante una asamblea pública en defensa de la soberanía nacional que existe un riesgo “súper real” de una intervención militar de Estados Unidos en México.
En su discurso calificó a Donald Trump como “el asno de Trump” y sostuvo que la postura estadounidense estaría relacionada con una supuesta percepción de debilidad por el hecho de que México, sea gobernado por la primera presidenta mujer, Claudia Sheinbaum.
Más allá de las diferencias políticas con Washington, las relaciones internacionales no pueden explicarse desde cargos públicos con argumentos reducidos a sentimientos personales como el “odio” de un mandatario hacia otro.
La política exterior, la seguridad nacional y la soberanía requieren análisis serios, responsabilidad institucional y argumentos sólidos.
Esta polémica se suma a la del 21 de mayo de 2026, cuando su administración fue cuestionada por una mampara oficial que tenía el error de escribir “ampleación” en lugar de “ampliación”.
Ante las críticas, la alcaldesa respondió con la frase “la ortografía es neoliberal” y acusó una campaña de clasismo contra su gobierno.
El problema no es solamente una palabra mal escrita. Los errores pueden ocurrir en cualquier administración; el verdadero cuestionamiento está en la respuesta de una autoridad cuando se le señala una falla.
Corregir, mejorar y rendir cuentas debe ser la reacción de cualquier servidor público, no convertir cada crítica en una confrontación ideológica.
La función de una alcaldesa no es generar declaraciones polémicas, sino resolver los problemas de la ciudadanía: servicios públicos, seguridad, infraestructura, transparencia y manejo responsable de los recursos.
También es preocupante que ante cuestionamientos periodísticos o ciudadano, el debate se desvíe hacia acusaciones de clasismo, misoginia o violencia política de género sin que la crítica esté necesariamente basada en esas razones.
Una mujer en el poder merece respeto, pero también está sujeta al mismo escrutinio democrático que cualquier funcionario.
Criticar una declaración, señalar un error administrativo o exigir resultados no es atacar a una persona por su género. Es ejercer un derecho ciudadano.
Cadereyta merece un gobierno que responda con soluciones, no con discursos; con eficiencia, no con ocurrencias; con resultados, no con excusas.

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