¿Bots o realidad? Morena busca el regreso de Rocha Moya a Sinaloa

El 17 de julio de 2026, Rodolfo Valenzuela, aspirante de Morena a la gubernatura de Sinaloa, salió en defensa de Rubén Rocha Moya y pidió su regreso al gobierno estatal. Su argumento fue tan simple como polémico: aseguró que en Sinaloa no existe un verdadero descontento social y que las críticas contra el mandatario son producto de una estrategia impulsada por "bots del extranjero" y por el periodista Carlos Loret de Mola.

La declaración retrata un problema cada vez más frecuente en la política mexicana: cuando la realidad resulta incómoda, se culpa al mensajero en lugar de responder al mensaje.

Si el malestar ciudadano fuera únicamente una fabricación digital, ¿cómo explicar los reclamos de comerciantes, empresarios, transportistas y familias que han visto deteriorarse las condiciones de seguridad? ¿Cómo justificar que la violencia y la incertidumbre se hayan convertido en temas cotidianos para miles de sinaloenses? Los problemas de Sinaloa no comenzaron en X, Facebook o TikTok, ni terminarán desacreditando periodistas.

Rubén Rocha Moya dejó el cargo en medio de una crisis política sin precedentes, provocada por los señalamientos formulados desde Estados Unidos sobre presuntos vínculos con el crimen organizado.

Jurídicamente, toda persona goza de la presunción de inocencia y corresponde a las autoridades determinar responsabilidades. Pero políticamente, la exigencia es distinta: quien aspira a gobernar debe ofrecer confianza, transparencia y rendición de cuentas, no simplemente esperar que el tiempo diluya la polémica.

Lo preocupante es que, antes de exigir el esclarecimiento de los hechos, dentro de Morena ya hay voces que buscan reinstalar a Rocha Moya en el poder como si nada hubiera ocurrido. En lugar de responder con investigaciones concluyentes o resultados de gobierno, se opta por construir una narrativa donde los culpables son los bots, la prensa crítica o supuestas conspiraciones internacionales.

Morena llegó al poder prometiendo un cambio de régimen, mayor cercanía con el pueblo y una nueva ética pública. Sin embargo, cuando surgen cuestionamientos serios, la respuesta parece repetirse: negar la realidad, desacreditar a los críticos y cerrar filas alrededor de los suyos.

La confianza ciudadana no se recupera culpando algoritmos ni inventando enemigos externos. Se recupera con hechos, con instituciones fuertes y con gobiernos que entiendan que la crítica no es una conspiración, sino una consecuencia natural cuando los resultados no convencen.

Porque el verdadero adversario de cualquier gobierno no son los bots. Es la realidad cuando deja de coincidir con el discurso.



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