¿Capacidad o lealtad? El caso Leticia Ramírez pone a prueba a Morena
El 6 de julio de 2026, durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, la Secretaria de Bienestar, Leticia Ramírez Amaya, protagonizó un momento que rápidamente se volvió viral. Al presentar el padrón de beneficiarios de los programas sociales, fue incapaz de leer correctamente la cifra de 16,571,522 personas, confundiendo millones con miles y titubeando frente a millones de espectadores.
Para cualquier persona, un error de lectura puede ser un desliz. Pero cuando proviene de la funcionaria responsable de la dependencia que administra el mayor presupuesto social del país, el hecho adquiere otra dimensión. Más aún si esa misma funcionaria fue Secretaria de Educación Pública durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, encargada de conducir la política educativa nacional.
La polémica no nace únicamente del tropiezo. Lo preocupante es que revive una discusión de fondo: ¿qué pesa más en la integración del gabinete de la llamada Cuarta Transformación, la capacidad o la lealtad política? Desde 2018, Morena ha insistido en que combate el viejo régimen, pero una y otra vez aparecen episodios que ponen en duda el mérito técnico de algunos de sus principales cuadros.
No es un antecedente aislado. En 2022, cuando fue nombrada titular de la SEP, Leticia Ramírez ya había sido cuestionada por admitir que no podía responder preguntas sobre el modelo educativo que debía encabezar. Cuatro años después, la escena vuelve a repetirse, ahora desde la Secretaría de Bienestar.
El problema no es equivocarse al leer una cifra. El problema es la señal que se envía cuando quienes toman decisiones sobre miles de millones de pesos y millones de beneficiarios evidencian dificultades en tareas elementales. La confianza en las instituciones no se construye con discursos ni con campañas de propaganda, sino con servidores públicos preparados, competentes y capaces de rendir cuentas.
Morena llegó al poder prometiendo transformar la administración pública. Sin embargo, cuando la improvisación sustituye a la profesionalización y la cercanía política parece valer más que la experiencia, la "transformación" termina pareciéndose a aquello que prometió erradicar.
Gobernar un país no admite improvisaciones. La lealtad puede ser una virtud política, pero jamás debe sustituir la capacidad. Cuando ocurre lo contrario, los errores dejan de ser anecdóticos y se convierten en el reflejo de un problema mucho más profundo.

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