José Ramiro López Obrador y el control político de Morena en Tabasco
El 31 de julio de 2026, el Secretario de Gobierno de Tabasco, José Ramiro López Obrador, confirmó la renuncia de José Pablo Mora Gómez a la Subsecretaría de Gobierno y anunció que Alejandro Martín Juárez Durán asumiría el cargo. Al mismo tiempo, diversos reportes señalaron que Mora Gómez se incorporaría como delegado de los Programas para el Bienestar en Tabasco, en sustitución de Lorena Méndez Denis. Oficialmente se habló de un relevo administrativo; políticamente, el movimiento tiene implicaciones mucho más profundas.
La Secretaría de Bienestar no es una dependencia cualquiera. Es la institución que administra algunos de los programas sociales más importantes del país y mantiene una relación directa con millones de ciudadanos. Por ello, cada nombramiento en esa estructura trasciende lo burocrático y adquiere un enorme peso político, especialmente cuando el país comienza a mirar hacia las elecciones de 2027.
Llamó la atención que José Ramiro López Obrador afirmara desconocer el destino federal de Pablo Mora, mientras diversos medios locales ya anticipaban su llegada a Bienestar. Esa diferencia entre la versión oficial y la información que circulaba públicamente alimentó la percepción de que las decisiones ya estaban definidas antes de hacerse oficiales.
Morena ha sostenido durante años que los programas sociales son derechos constitucionales y no herramientas de operación política. Precisamente por ello, tiene la obligación de demostrar con hechos que los nombramientos en Bienestar responden a criterios de capacidad, transparencia e interés público, y no a estrategias de control territorial o de fortalecimiento partidista.
Los gobiernos tienen derecho a reorganizar sus equipos. Lo que no pueden exigir es que la sociedad renuncie a cuestionar decisiones que involucran una de las estructuras con mayor influencia política y presupuestal del país. La transparencia no consiste únicamente en informar quién entra y quién sale; consiste en explicar por qué, bajo qué criterios y con qué objetivos.
Cambiar funcionarios no transforma un gobierno. Lo que realmente lo transforma es la disposición para rendir cuentas. Mientras los relevos estratégicos sigan ocurriendo entre versiones encontradas y explicaciones insuficientes, la sospecha seguirá ocupando el lugar que debería pertenecer a la confianza ciudadana.

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