La camioneta, la pensión y la doble moral de Ernesto Prieto de Morena
La crisis de Ernesto Prieto Gallardo dejó de ser un simple escándalo en redes sociales para convertirse en un debate sobre congruencia política. El diputado federal de Morena asegura ser víctima de una "guerra sucia", niega ser deudor alimentario y sostiene que la camioneta "Infiniti" que adquirió para su novia venezolana no costó 1.3 millones de pesos, sino 893 mil. Sin embargo, la discusión nunca fue si el vehículo costó más o menos; la pregunta es otra: ¿cómo justificar un gasto de ese nivel mientras enfrenta un litigio por la pensión alimenticia de su hija?
Desde 2023 existe un proceso familiar en Chihuahua relacionado con el reconocimiento de paternidad y las obligaciones alimentarias. En 2025 fue exhibido por activistas de la "Ley Sabina" en la Cámara de Diputados, y en julio de 2026 el caso volvió a estallar cuando fue señalado públicamente como presunto deudor alimentario. La respuesta del legislador fue una ofensiva mediática y jurídica: negó las acusaciones, afirmó que cumple con sus obligaciones y anunció acciones legales contra la madre de su hija por presunto fraude procesal.
Nadie puede ser condenado por una campaña en redes sociales ni por un juicio mediático. La responsabilidad legal corresponde exclusivamente a los tribunales. Pero la responsabilidad política se mide con otro rasero: el de la congruencia. Quien presume autoridad moral, legisla en nombre de la justicia social y pertenece a un movimiento que asegura poner "primero a los pobres", está obligado a ofrecer un comportamiento ejemplar también en el ámbito familiar.
El problema para Prieto no es únicamente el litigio; es la imagen que proyecta. Mientras una menor permanece en el centro de una disputa judicial, la opinión pública observa a un diputado defendiendo el precio de una camioneta de lujo para su novia venezolana. Ese contraste resulta políticamente devastador porque refleja una aparente inversión de prioridades.
La confianza ciudadana no se recupera con comunicados ni videos. Se recupera con hechos verificables, transparencia y resoluciones judiciales claras. Si Ernesto Prieto tiene razón, los documentos hablarán por él. Pero mientras persistan las dudas, el caso seguirá simbolizando una pregunta incómoda para Morena: ¿la exigencia de responsabilidad solo aplica para los adversarios o también para quienes gobiernan?

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