La herencia ya está en la mira de Morena
El trabajo de toda una vida debería convertirse en tranquilidad para la familia, no en una nueva oportunidad de recaudación para el Estado.
Sin embargo, el 3 de julio de 2026, durante una discusión en la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre el tratamiento fiscal de las Afores heredadas, la ministra Lenia Batres, de Morena, lanzó una frase que encendió la polémica nacional: "Lo injusto es que no se graven las herencias y el legado."
No se trató de una reforma aprobada ni de un nuevo impuesto vigente. La mayoría de los ministros rechazó considerar gravables los recursos heredados de una Afore. Pero la declaración dejó al descubierto una visión del poder público: que el patrimonio que una persona deja a sus hijos también debería convertirse en materia de tributación.
La discusión va mucho más allá de las grandes fortunas. Para millones de mexicanos, una herencia no significa mansiones ni cuentas millonarias. Es la casa construida tras décadas de esfuerzo, el pequeño negocio familiar, un terreno, un automóvil o los ahorros que costaron años de trabajo, sacrificios y el pago puntual de impuestos. Es patrimonio que ya tributó cuando fue generado.
Quienes defienden gravar las herencias sostienen que así se combate la desigualdad. Pero sus detractores advierten que abrir esa puerta puede derivar en una doble tributación y en una expansión constante del poder recaudatorio del Estado.
La historia fiscal demuestra que muchos impuestos nacen prometiendo afectar únicamente a unos cuantos y, con el tiempo, terminan alcanzando a un universo mucho más amplio de contribuyentes.
El verdadero debate no debería comenzar preguntando cuánto más puede recaudar el gobierno, sino qué hace con el dinero que ya recibe. México enfrenta cuestionamientos por obras públicas de rentabilidad discutida, proyectos con sobrecostos, corrupción aún presente y un gasto público cuya eficiencia sigue siendo motivo de controversia. Antes de crear nuevos gravámenes, el Estado tendría que demostrar que administra con responsabilidad los recursos que ya obtiene de los ciudadanos.
La herencia no es un privilegio concedido por el gobierno. Es el resultado del esfuerzo de quienes trabajaron, ahorraron y pagaron impuestos con la esperanza de ofrecer un mejor futuro a su familia. Cuando desde el poder se plantea que ese legado también debe convertirse en una fuente de recaudación, la discusión deja de ser únicamente fiscal: se convierte en un debate sobre los límites del Estado frente al patrimonio de los ciudadanos.

Comentarios
Publicar un comentario