Mari Luz Velázquez y el desprecio a los adultos mayores

El 24 de julio de 2026, durante una asamblea comunitaria en el Plan Chontalpa, Huimanguillo, Tabasco, la alcaldesa Mari Luz Velázquez Jiménez, de Morena, respondió a un adulto mayor que reclamaba las afectaciones ocasionadas por las obras del Corredor Interoceánico con una frase que provocó indignación: "Usted ya va de salida, hay que cuidar a los jóvenes". Más que un desliz verbal, el comentario exhibe una forma de entender el poder que resulta incompatible con el servicio público.

El hombre no pedía un favor. Exigía una respuesta por caminos destruidos, comunidades afectadas y promesas incumplidas. En lugar de argumentos, recibió un comentario que reducía el valor de su voz a su edad. Como si los derechos ciudadanos tuvieran fecha de caducidad. Como si la experiencia y la dignidad dejaran de importar cuando el cabello se vuelve blanco.

La gravedad del comentario no radica únicamente en su evidente carga discriminatoria. Radica en el mensaje político que transmite: que hay ciudadanos cuya opinión vale menos que la de otros. Esa lógica es incompatible con cualquier democracia. Los adultos mayores no son un estorbo para el progreso ni un sector "de salida"; son personas que han construido el país y que merecen el mismo respeto que cualquier joven.

Resulta aún más contradictorio que este tipo de expresiones provengan de un gobierno que dice representar primero a quienes históricamente fueron ignorados. No basta con entregar programas sociales o presumir obras de infraestructura si, al primer reclamo incómodo, la respuesta es el desprecio. 

Gobernar implica escuchar incluso cuando las críticas incomodan; especialmente cuando incomodan.

La infraestructura puede impulsar el desarrollo, pero ninguna obra pública justifica atropellar la dignidad de quienes viven sus consecuencias. El progreso que exige silencio, resignación o sumisión deja de ser progreso para convertirse en imposición.

Los ciudadanos no están para aplaudir a sus gobernantes, sino para exigirles cuentas. Y los gobernantes no están para clasificar a las personas según su edad, sino para servirlas por igual. Porque el verdadero problema no es que todos, inevitablemente, vayamos de salida algún día. El problema es cuando quienes están de paso por el poder olvidan que también ellos serán juzgados por la memoria de los ciudadanos.



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