Morena cumple 12 años: el poder cambió al partido que prometió cambiar a México
El 9 de julio de 2026, Morena celebró doce años de haber obtenido su registro como partido político nacional. La dirigencia aseguró que es "un movimiento nacido del pueblo y para el pueblo". La frase pretende reafirmar una identidad que, para muchos mexicanos, hace tiempo dejó de reflejar la realidad.
Morena no nació de manera espontánea desde las bases sociales. Nació alrededor del liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, quien convirtió un movimiento político en el partido que transformó el mapa electoral del país. Pero si alcanzó el poder, no fue únicamente por la fuerza de un líder. Llegó gracias a millones de ciudadanos, especialmente jóvenes, que confiaron en la promesa de acabar con la corrupción, la impunidad, los privilegios y los abusos del viejo régimen.
Ese voto no fue un acto de obediencia; fue un mandato de cambio.
Doce años después, la distancia entre el discurso y los hechos resulta cada vez más evidente. Morena prometió desterrar las prácticas del pasado, pero hoy enfrenta señalamientos de presunta corrupción, blindajes políticos, nepotismo, opacidad, imposición de candidaturas y una constante descalificación contra quienes ejercen su derecho a criticar. El partido que juró combatir los excesos del poder ahora es acusado de reproducir muchos de sus vicios.
Gobernar implica tomar decisiones difíciles, pero también rendir cuentas. Cuando la lealtad partidista pesa más que la transparencia, cuando la crítica se interpreta como traición y cuando proteger a los propios parece más importante que aplicar la ley, el riesgo ya no es solo perder credibilidad, sino traicionar la razón por la que millones de mexicanos depositaron su confianza en las urnas.
Los aniversarios no deberían servir únicamente para celebrar, sino para hacer un balance honesto. Porque ningún partido es dueño del pueblo. El pueblo vota, exige, cuestiona y también castiga.
Morena llegó al poder impulsado por la esperanza de millones de mexicanos. Si quiere seguir proclamándose un movimiento del pueblo, tendrá que demostrar con hechos que no terminó convertido en aquello que prometió combatir: un partido donde conservar el poder parece haberse vuelto más importante que transformar al país. Y cuando esa confianza se traiciona, ningún aniversario ni ningún eslogan bastan para borrar la distancia entre las promesas y la realidad.

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