Oaxaca le recuerda a Sheinbaum que las promesas no bastan
La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Oaxaca no estará acompañada únicamente por discursos oficiales y actos públicos. La gira presidencial también enfrentará las protestas de la Sección XXII de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), un movimiento que durante años fue uno de los principales opositores a las reformas educativas de los gobiernos neoliberales y que hoy vuelve a las calles para exigirle a la llamada Cuarta Transformación que cumpla su propia palabra.
Las movilizaciones convocadas para el 31 de julio de 2026 en Santiago Suchilquitongo y para el 1 de agosto en Huajuapan de León no son un hecho aislado. Son la expresión de un conflicto que el gobierno federal no ha logrado resolver. La reinstalación de la mesa nacional de diálogo, el cumplimiento de las minutas firmadas, la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, la desaparición del USICAMM y un nuevo modelo de pensiones siguen siendo demandas pendientes.
La paradoja es evidente. Morena llegó al poder prometiendo una relación distinta con el magisterio, basada en el diálogo, la justicia laboral y el respeto a los derechos de los trabajadores. Sin embargo, quienes antes marchaban contra gobiernos del PRI y del PAN hoy vuelven a movilizarse para reclamarle al gobierno que prometió el cambio que cumpla los compromisos asumidos.
Más allá de las diferencias políticas, el problema es de credibilidad. Un gobierno puede administrar los tiempos, posponer negociaciones o construir narrativas, pero difícilmente puede sostener un discurso de transformación cuando sus propios aliados consideran necesario regresar a las calles para ser escuchados.
Cada gira presidencial en Oaxaca se convierte en un termómetro del descontento social. Los conflictos no desaparecen con conferencias de prensa ni con actos protocolarios; se resuelven con resultados. Mientras las demandas permanezcan sin respuesta, cada visita oficial corre el riesgo de convertirse en un recordatorio de las promesas incumplidas.
Porque cuando incluso quienes alguna vez respaldaron el proyecto de la Cuarta Transformación levantan la voz para exigir el cumplimiento de los acuerdos, el problema deja de ser exclusivamente sindical. Se convierte en una prueba de fuego para la credibilidad de un gobierno que hizo del cumplimiento de la palabra una de sus principales banderas.

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