"Que no la vean": la respuesta de Sheinbaum al debate sobre los derechos de las audiencias
La frase pronunciada por la presidenta Claudia Sheinbaum el 30 de julio de 2026 —"Que no la vean"— no respondió al fondo del debate. La discusión nunca fue si los ciudadanos están obligados a seguir las conferencias matutinas, sino si el principal instrumento de comunicación del gobierno debe sujetarse a los mismos principios de transparencia y responsabilidad que se exigen a los demás medios.
El derecho de las audiencias no existe para obligar a nadie a consumir contenidos. Existe para proteger a la sociedad frente a la desinformación, garantizar la distinción entre hechos y opiniones, facilitar la rectificación de información falsa y fortalecer el acceso a información veraz. Reducir esa discusión a un simple "apaguen la televisión" es desviar el verdadero problema.
Las mañaneras ya no son una conferencia de prensa convencional. Son una plataforma institucional financiada con recursos públicos, transmitida diariamente por medios públicos y privados, desde la cual se fijan posturas oficiales, se responden críticas, se exhibe a adversarios y se define buena parte de la agenda política nacional. Precisamente por ese alcance, resulta legítimo preguntarse si deben respetar los mismos estándares que el propio gobierno pretende imponer al resto de los actores del espacio informativo.
La contradicción es evidente. Mientras el oficialismo impulsa nuevas reglas para medios de comunicación, plataformas digitales y concesionarios de radio y televisión, rechaza que esas mismas reglas puedan alcanzar al canal de comunicación más poderoso del Estado. La igualdad ante la ley pierde sentido cuando quien legisla para todos busca quedar fuera del alcance de las normas.
En una democracia, el poder no puede pedir confianza mientras rechaza el escrutinio. La libertad de expresión protege el derecho del gobierno a informar, pero también garantiza el derecho de la ciudadanía a exigir información objetiva, verificable y claramente diferenciada de la propaganda política.
El debate nunca fue sobre ver o no ver la mañanera. El verdadero debate es si el poder está dispuesto a someterse a los mismos principios de transparencia, rendición de cuentas y respeto a los derechos que exige a los demás. Porque cuando la respuesta oficial es "que no la vean", la impresión que queda no es la de un gobierno abierto a la crítica, sino la de un gobierno que prefiere eludir las preguntas antes que responderlas.

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