Sheinbaum enfrenta en Morelia el grito de "¡corrija sus errores!"
El 3 de julio de 2026, durante su visita a Morelia, Michoacán, la presidenta Claudia Sheinbaum fue recibida por un grupo de ciudadanos con un mensaje tan breve como contundente: "¡Presidenta, corrija sus errores!". La escena, captada en video y difundida en redes sociales, contrastó con la imagen de respaldo absoluto que el gobierno federal suele proyectar en sus actos públicos.
El reclamo no puede reducirse a una simple anécdota ni magnificarse como si representara a toda la ciudadanía. Lo relevante es que expresa una realidad política: cuando las inconformidades llegan hasta los eventos presidenciales, el descontento ya no permanece únicamente en las redes sociales ni en las encuestas.
En las últimas semanas, el gobierno ha enfrentado cuestionamientos por la inseguridad, decisiones económicas, reformas controvertidas y una creciente percepción de que las críticas son minimizadas o atribuidas a campañas de desinformación. Sin embargo, un ciudadano que exige corregir errores no necesariamente está desinformado; puede estar expresando el desgaste de políticas que considera insuficientes o equivocadas.
En democracia, el aplauso fortalece a un gobierno, pero la crítica también cumple una función indispensable. Ignorar los reclamos o descalificarlos puede resultar políticamente más costoso que reconocer fallas y rectificar. La legitimidad no se conserva únicamente con mayorías electorales; también depende de la capacidad para escuchar a quienes disienten.
El episodio de Morelia deja una lección clara: gobernar no consiste en convencer de que todo marcha bien, sino en corregir aquello que la realidad demuestra que no funciona. Cuando desde la calle se escucha un "corrija sus errores", el desafío no es responder con discursos, sino con resultados. Porque un gobierno que deja de escuchar corre el riesgo de confundir la propaganda con la realidad y el respaldo del pasado con la confianza del presente.

Comentarios
Publicar un comentario