Sheinbaum quiere regular las redes, pero no resuelve la crisis educativa
El 20 de julio de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció foros para debatir la regulación de las redes sociales, la inteligencia artificial y el uso de celulares por menores de edad. Entre las propuestas destaca restringir los teléfonos durante el recreo para recuperar juegos tradicionales como el trompo, el yoyo y el resorte.
La pregunta no es si los niños deben pasar menos tiempo frente a una pantalla. Eso puede discutirse con evidencia y sin prejuicios. La verdadera pregunta es por qué un gobierno que enfrenta una crisis de inseguridad, un sistema educativo con graves rezagos, escuelas sin infraestructura suficiente y miles de estudiantes que abandonan las aulas, coloca en el centro del debate los celulares y las redes sociales.
Nadie puede negar que el uso excesivo de las plataformas digitales puede generar problemas. Pero tampoco puede ignorarse que las redes sociales se han convertido en el principal espacio donde los ciudadanos denuncian corrupción, exponen abusos de autoridad y exhiben aquello que muchas veces el poder preferiría mantener oculto. Regularlas exige un cuidado extremo para que la protección de la niñez no termine convirtiéndose en un pretexto para ampliar el control sobre la conversación pública.
Recuperar los juegos tradicionales puede fortalecer la convivencia escolar. Sin embargo, ningún trompo resolverá la violencia dentro y fuera de las escuelas, el acoso, la falta de maestros, el deterioro de los planteles o la pobreza que obliga a miles de niños a abandonar sus estudios. Esas son las verdaderas urgencias del sistema educativo mexicano.
Los foros anunciados solo tendrán legitimidad si escuchan todas las voces y si sus conclusiones se traducen en políticas públicas sustentadas en evidencia científica, no en decisiones ideológicas o paternalistas. La tecnología debe educarse, no demonizarse; regularse, no utilizarse como excusa para restringir libertades.
México necesita una estrategia integral para proteger a la infancia en el mundo digital, pero también un gobierno dispuesto a enfrentar los problemas estructurales de la educación con la misma energía con la que hoy convoca a debatir las redes sociales. Porque gobernar no consiste en cambiar el recreo; consiste en transformar la realidad.

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