Sheinbaum, Trump y el palco del poder

La política también se comunica con imágenes. Y pocas fotografías resumen mejor una contradicción que la del 19 de julio de 2026: Claudia Sheinbaum compartiendo el palco de honor de la final del Mundial con Donald Trump, Melania Trump, Mark Carney, Gianni Infantino, el rey Felipe VI y la reina Letizia.

No se trata de cuestionar que la presidenta represente a México en un evento internacional. Eso forma parte de sus funciones. Lo que merece análisis es el contraste entre el discurso político que Morena ha construido durante años y la imagen que hoy proyecta.

Durante mucho tiempo, Morena criticó la cercanía de los gobiernos anteriores con las élites políticas y económicas internacionales. Prometió una diplomacia distinta, austera y cercana al pueblo. Sin embargo, la fotografía del MetLife Stadium muestra a la presidenta en uno de los espacios más exclusivos del planeta, al lado del mismo Donald Trump al que durante años se señaló por sus políticas antimigrantes, sus amenazas arancelarias y su discurso contra México.

La política exige pragmatismo. Los jefes de Estado deben dialogar incluso con quienes mantienen profundas diferencias. Pero el problema aparece cuando la narrativa cambia según la conveniencia del momento. Lo que antes era condenado como símbolo del poder hoy se presenta como un acto de liderazgo internacional.

El Mundial ofrecía una oportunidad para fortalecer la relación entre los tres países anfitriones y enviar un mensaje de cooperación rumbo a la revisión del T-MEC. Ese objetivo es legítimo. Lo cuestionable es que el gobierno pretenda vender la imagen como si no existiera un pasado de descalificaciones hacia quienes hoy aparecen como aliados circunstanciales.

En política, las fotografías pesan tanto como los discursos. Un palco no resuelve los desafíos en migración, seguridad, comercio ni la defensa de los millones de mexicanos que viven en Estados Unidos. Esos temas se solucionan con resultados, no con simbolismos.

La imagen de Nueva Jersey quedará como una de las postales políticas más importantes de 2026. Para unos representa madurez diplomática; para otros, confirma que el poder termina acercando incluso a quienes construyeron su capital político criticando precisamente esos escenarios. Porque las imágenes no mienten: muestran, con crudeza, la distancia entre el discurso y la realidad.



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