Sheinbaum y el desafío de respaldar a Grecia Quiroz
El 8 de julio de 2026, el Tribunal Electoral del Estado de Michoacán, resolvió por unanimidad que el senador Gerardo Fernández Noroña, incurrió en violencia política contra las mujeres en razón de género en perjuicio de la presidenta municipal de Uruapan, Grecia Quiroz. La sentencia ordena medidas de reparación y abre un debate que trasciende lo jurídico: pone a prueba la congruencia del discurso oficial sobre la defensa de los derechos de las mujeres.
Un día después, el 9 de julio, la presidenta Claudia Sheinbaum fue cuestionada sobre el caso durante su conferencia matutina. Su respuesta fue mesurada: afirmó que las sanciones corresponden a las autoridades competentes, reconoció que Noroña no comparte el fallo porque sostiene que sus expresiones no obedecieron al hecho de que Quiroz sea mujer y sentenció: "Vamos a defender a las víctimas, siempre".
Esa frase tiene un profundo significado político. Porque, mientras la resolución judicial siga vigente, la víctima reconocida por el Tribunal es Grecia Quiroz. Defender a las víctimas no puede ser un compromiso selectivo ni condicionado por la militancia política del señalado.
Noroña tiene el derecho de impugnar la sentencia y defender su postura. Ese derecho forma parte del debido proceso y debe respetarse. Pero también es cierto que ningún servidor público puede descalificar una resolución judicial solo porque le resulta adversa. En un Estado de derecho, las sentencias se combaten con recursos legales, no con discursos políticos.
Este episodio coloca a Morena frente a uno de sus mayores desafíos de credibilidad. Durante años, el movimiento ha exigido sanciones ejemplares cuando los responsables pertenecen a la oposición. Hoy, el acusado es uno de sus cuadros más visibles. La vara con la que se mida este caso revelará si la justicia es un principio o una conveniencia.
La congruencia será el verdadero juicio político. Si el gobierno sostiene que "siempre" defenderá a las víctimas, deberá demostrar que ese compromiso también aplica cuando el señalado forma parte de sus propias filas.
Porque la justicia pierde legitimidad cuando cambia de criterio según el partido del acusado. Y la transformación que promete un gobierno solo será creíble si nadie, absolutamente nadie, está por encima de la ley.

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