Sheinbaum y la confesión que encendió el debate sobre la censura
El 30 de julio de 2026, en plena controversia por los nuevos lineamientos sobre derechos de las audiencias, la presidenta Claudia Sheinbaum respondió a las acusaciones de censura con una frase que terminó alimentando la preocupación: "¿Cómo vamos a querer censurar? Si hubiéramos querido censurar, ya lo hubiéramos hecho, porque están los instrumentos, incluso la interpretación legal."
La intención era defender a su gobierno, pero el mensaje produjo el efecto contrario. En una democracia, la tranquilidad no proviene de que el gobernante decida no usar el poder, sino de que el poder tenga límites que le impidan vulnerar derechos fundamentales. La libertad de expresión no puede depender de la voluntad de quien ocupa la Presidencia.
La polémica no nació de la nada. En los últimos meses, el gobierno federal ha impulsado reformas y regulaciones relacionadas con plataformas digitales, inteligencia artificial, telecomunicaciones y derechos de las audiencias. Oficialmente se presentan como medidas para proteger derechos, pero diversos sectores han advertido que, si carecen de controles claros, pueden convertirse en instrumentos para presionar o inhibir el ejercicio del periodismo crítico.
Por ello resultó especialmente delicado escuchar que existen "instrumentos" e incluso la "interpretación legal" para censurar. En un Estado constitucional, las leyes deben servir para proteger las libertades, no para sugerir que pueden utilizarse como herramientas de control político.
La historia demuestra que la censura moderna rara vez llega con prohibiciones abiertas. Avanza mediante regulaciones ambiguas, interpretaciones discrecionales y decisiones administrativas que, poco a poco, reducen el espacio para la crítica. Por eso las palabras de un jefe de Estado importan tanto: revelan la forma en que concibe la relación entre el poder y las libertades.
La Cuarta Transformación prometió desterrar las prácticas autoritarias del pasado. Sin embargo, cuando desde el poder se afirma que existen los mecanismos para censurar, aunque se diga que no serán utilizados, se envía un mensaje preocupante. En democracia, la garantía no es la buena voluntad del gobernante; la verdadera garantía es que ningún gobierno tenga la posibilidad de convertir la ley en un instrumento para silenciar a sus críticos.

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