¿Soberanía o escudo político? Morena no puede hablar en nombre de todo México

El 11 de julio de 2026, durante una asamblea informativa en Taxco, Guerrero, la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, afirmó que el objetivo de estos encuentros es defender la autodeterminación nacional frente al supuesto "injerencismo" de Washington. También sostuvo que a la derecha le incomoda que los recursos públicos lleguen a los más pobres y presentó las críticas provenientes de Estados Unidos como un ataque contra México.

Sin embargo, conviene separar el discurso político de la realidad jurídica. Cuando autoridades estadounidenses investigan o solicitan cooperación respecto de personas determinadas, no están acusando al pueblo mexicano ni poniendo en juicio la soberanía nacional. Los procedimientos de cooperación internacional, incluidas las solicitudes de extradición, se dirigen contra individuos específicos y deben resolverse conforme a la ley, los tratados internacionales y las resoluciones de los tribunales competentes.

El problema surge cuando un partido convierte cualquier señalamiento contra personajes cercanos al poder en una supuesta agresión contra toda la nación. Esa narrativa diluye responsabilidades individuales y transforma un debate sobre rendición de cuentas en un conflicto emocional entre "patriotas" y "enemigos de México".

La soberanía no puede convertirse en un refugio retórico para evitar el escrutinio. Un Estado fuerte no es el que descalifica toda crítica externa, sino el que investiga con independencia, sanciona cuando existen pruebas y demuestra que nadie está por encima de la ley.

El pueblo mexicano no necesita que hablen en su nombre para justificar decisiones políticas. Tampoco merece ser utilizado como escudo discursivo cada vez que surgen cuestionamientos sobre corrupción, crimen organizado o posibles vínculos de servidores públicos con actividades ilícitas.

Defender la soberanía significa fortalecer las instituciones, garantizar justicia y cooperar con otros países dentro del marco legal, no confundir los intereses de un partido con los intereses de la República. Quien nada debe, nada teme; quien ejerce el poder tiene la obligación de rendir cuentas. México es mucho más grande que cualquier gobierno, cualquier partido y cualquier dirigente.



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